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“El terror gana la guerra contra el terror” artículo para el TPS del Centro de Colaboraciones Solidarias

mayo 13, 2011

El mundo en el que vivimos está tan saturado de información que cada vez es más difícil asegurarse de que se está en posesión de la verdad.  Mientras el nombre de Osama Bin Laden y su muerte todavía es foco de la atención de los medios informativos, también salen a la luz declaraciones que ponen en tela de juicio la versión oficial del gobierno de los Estados Unidos. 

Situation Room

El que fue tres veces subsecretario de estado y experto en inteligencia militar, el Dr. Steve Pieczenik, reveló en el popular show radiofónico de Alex Jones que Osama murió en el 2001 del trastorno de Mafran. En ese mismo programa, Paul Craig Roberts, ex subsecretario del Tesosoro bajo la administración Reagan y exdirector del Wall Street Journal, confirmó la versión de Pieczenik y alabó el valor de este por hacer publica la información. Sin embargo, Benazir Bhuto, antigua Primera Ministra de Pakistán y líder del opositor Partido Popular de Pakistan (PPP), declaró un mes antes de su muerte en una entrevista televisada con David Frost en 2007, que Bin Landen fue asesinado por Omar Sheikh, un agente secreto del ISI, servicio de inteligencia pakistaní, conectado con la CIA y que como líder de los muyahidines talibanes tenía acceso directo a Bin Laden. Incluso los hijos del propio Osama, en una declaración a The New York Times, dudan de la veracidad de la información que facilita la Casa Blanca, y piden una investigación independiente a la ONU y “pruebas concluyentes” de su muerte.

La novelista británica Virginia Woolf dijo que “es mucho más difícil matar a un fantasma que a una realidad”. Y eso el lo que parecer haber descubierto la administración Obama. No es tan sencillo como desplegar todo un equipo de entrenados Navi Seal para acabar con un fantasma, con un mito, con un hombre que perdió todo vínculo con la realidad –ya sea porque se desconozca su paradero, porque murió hace tiempo o porque se trate de una ilusión colectiva, al servicio de una determinada agenda política-.

Las versiones se contradicen. La Secretaria de Estado Hillary Clinton tilda de “conspiranoicos” a aquellos que duden de la veracidad de la información oficial. Pese a ello, toda la Administración fue pillada en una mentira cuando la CIA negó que hubiera ninguna retransmisión de la operación en directo. La imagen en el “Situation Room” dio la vuelta al mundo: fue publicada por todo el “establishment” mediático y la mentira que quedó solapada a ella como pie de foto. Entonces, ¿por qué creerse el resto de la historia?

Si a esto se le suman todas la incongruencias y contradicciones de los al menos diez relatos diferentes de los hechos sobre la muerte del que es ya un icono del siglo XXI, las dudas razonables quedan legitimadas. Puede que toda la polémica que suscita la forma en la que se supone se llevó a cabo la operación sea fruto de una campaña de marketing y propaganda. Eso o quizá la estrategia sea inundar los medios con tanta desinformación, que sea imposible interpretar lo que en realidad tiene lugar. De cualquier manera, la comunidad internacional aplaude y felicita al gobierno americano por terminar con la amenaza del supuesto líder de Al Qaeda.

Obama subió en los índices de popularidad, pero también y de un plumazo echó por tierra el Nobel de la Paz que le concedieran en 2009, legitimo Guantánamo y la tortura sistemática como medio de conseguir información a cualquier precio. El mundo no es un lugar más seguro desde el anuncio de la muerte de Osama Bin Laden. El país más poderoso de la tierra puede hacer uso de su “Acta Patriótica”, entrar en un país extranjero sin avisar y llevar a cabo una o varias ejecuciones con total secretismo y exención.

Horas después del anuncio, la multitud tomó Times Square para celebrar la muerte, para festejar el terror de un crimen al margen de la legalidad internacional. Los clásicos celebraban las victorias militares y hacían monumentos escultóricos o arquitectónicos al triunfo. Ahora se hacen a la tragedia y se festeja la impunidad de los Estados. Así gustan los que mandan para que el pueblo recuerde sin que conozca la verdad.

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