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“La muerte tiene un precio”, artículo para TPS del Centro de Colaboraciones Solidarias

noviembre 15, 2010

Según ha publicado recientemente la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en el tiempo que usted va a emplear en leer este artículo van a morir en el mundo 29 niños por mal nutrición; uno cada seis segundos. Afirma también que 925 millones de personas sufrirán hambre este año y otros 2.000 millones padecen déficit alimentario crónico.

Esta es la enésima voz de alarma sobre el hambre , poniendo de manifiesto el retraso en la consecución del primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio: reducir a la mitad el hambre en el mundo. La cifra actual de subnutridos es mayor que en el año 1996 cuando se llevó a cabo la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Por ello, no es de extrañar el tono radical que emplea Jean Ziegler, miembro del Comité Consultivo del Consejo de Derechos del hombre de la ONU, cuyos informes constituyen actas de acusación sobre la injusta distribución mundial de la riqueza como base del sistema económico internacional . Los documentos de la FAO, que nos facilita esas cifras sin que nadie las cuestione, aseguran que la agricultura mundial con el actual grado de desarrollo de su fuerza de producción podría alimentar sin problemas, es decir con 2.700 calorías por día y adulto, a 12.000 millones de personas. En palabras de Ziegler: “no hay fatalidad alguna, un niño que muere de hambre es asesinado. El orden del mundo tal y como está en la actualidad, no solo es mortífero sino también absurdo ya que mata sin necesidad”.

En Níger, el 25% de los niños menores de cinco años están grave y permanentemente desnutridos. Nadie puede decir que no lo sepa gracias a la televisión, Internet y la prensa. Mientras, el Banco Mundial tiene un proyecto desde hace 16 años para irrigar 430.000 hectáreas del país africano. Con ello, el pueblo nigerino quedaría protegido de la sequía para siempre con un coste total de 52 millones de dólares. Aun no se ha encontrado la inversión necesaria. “El mundo está unificado en la información, pero al mismo tiempo existen ideologías mentirosas pero muy poderosas, como el neoliberalismo. Este pretende que la economía funciona según unas leyes naturales. Hay una mano invisible que es el mercado mundial, y no se puede hacer nada contra ella”. Se afirma que las leyes de la economía son leyes inamovibles como las de la astronomía, y según eso hay pueblos enteros que no son productivos que quedan excluidos de la historia y mueren.

El precio de los alimentos se establece en  el Commodities Stock Exchange de Chicago, la bolsa de las materias primas agrícolas, conforme a las técnicas bursátiles y según los criterios del capitalismo financiero. Hay 37 países que dependen todos los años de compras complementarias en los mercados mundiales para alimentar a su población entre el fin  de las existencias de la cosecha anterior y la llegada de la nueva cosecha. “Los precios de la alimentación deberían negociarse contractualmente por los estados. Es indispensable romper el sistema de la bolsa, porque esta no puede fijar el precio de los alimentos dado que no son una mercancía como cualquier otra; los alimentos garantizan la supervivencia de los seres humanos”.

Con todo, Yukiko Omura, la vicepresidenta del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (IFAD) señala  que “los hambrientos del mundo no son sólo cifras”, sino que “son personas, hombres y mujeres pobres que luchan por educar a sus hijos y darles una vida mejor, son jóvenes que intentan construirse un futuro”. En concreto, “el 70% de las personas extremadamente pobres, quienes viven con menos de un dólar al día, residen en zonas rurales. Son mil millones de personas y, de entre ellas, cuatro de cada cinco son campesinos”. La realidad es que ningún gobierno de un país endeudado de Tercer Mundo tiene la menor posibilidad de imponer al FMI una política soberana, orientada a la satisfacción de las necesidades de su propia población. Es por ello que la única esperanza de estos pueblos es el nacimiento de un movimiento de solidaridad mundial, entre los territorios del sur y la nueva sociedad civil aquí. Si eso llega a pasar quizá conozcamos el nacimiento de un nuevo mundo.

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